miércoles, 17 de enero de 2018

Eclipse mental


Chile


Hace unos meses fui a Chile y me pasó algo que no había contado hasta ahora. Fui a Valparaíso, y de ahí fui a otro pueblo o ciudad que se llama Curicó, por una historia que no importa porque es un embole de contar; tenía una conocida. Lo cierto que es que pasé solamente dos noches ahí, y la segunda me agarré tremendo pedo, tan fuerte que cuando me desperté ya estaba en el ómnibus volviendo para Santiago. Creo que también me drogué fuerte, pero no sé con qué, ni quién me metió en el ómnibus. Lo importante es que tenía mi mochila, y eso era todo. Llevaba solo una mochila porque me gusta andar con un solo bulto, si no siempre pierdo algo. Me desperté y miré para afuera, la carretera, pensando "andá a saber cuánta guita perdí ayer la reputa madre".


***

Me desperté porque sentí que se movía algo en mis pies. Miré y obviamente no había nada excepto mi mochila, así que seguí mirando para afuera. Me hizo preguntarme qué había tomado la noche anterior, por qué no se me iba el efecto, pero entonces lo sentí de nuevo y dije, la puta madre, algo se está moviendo adentro de mi mochila, no puede ser si no. Empecé a transpirar. Comencé a sospechar que me había robado un bebé, pero no tenía sentido, ni siquiera me gustan. Traté de concentrarme.

Después de un rato, en un momento en que me pareció que todos estaban quietos en su asiento y no se iba a levantar nadie, agarré la mochila. Pesaba muchísimo, no tenía sentido. Pensé que me había robado algo importante, oro o algo. Pero el oro no se mueve. Abrí el cierre apenas y vi unas plumas, y lo volví a cerrar. Pero el bicho se empezó a mover más que antes y lo abrí de nuevo. Ahí vi lo que era: era un cóndor andino joven, diría que casi bebé, si no no hubiera entrado en la mochila. La pena en Chile para el robo, secuestro o caza de estos animales es de hasta un año de prisión. Lo agarré del pico a ver si se quedaba quieto, le dije algo que no me acuerdo y cerré de nuevo. Por suerte pensé rápido, el bicho se tranquilizó un poco.

Además de tener al bicho ahí, caí en la cuenta de que era lo único que había en la mochila, el resto de mis cosas ya no estaban. No es que tuviera tantas, pero no me hizo mucha gracia haberlas perdido. Tenía mis lentes negros, otro par de championes. Ropa en general. Una orden para hacerme un antígeno prostático. Una mierda.

Fue horrible cuando empecé a sentir el olor. La puta madre, era insoportable. Probé de todo: respirar hondo para inhalar menos frecuentemente, respirar cubriéndome la nariz con la mano. Nada, un asco. Pero después de pensar un poco me di cuenta que el olor era mio. Lo confirmé. Lo de la mochila era aceptable, digamos. Yo daba asco a un nivel paranormal.

Abrí mi celular a ver si encontraba una pista, y lo primero que veo es el block de notas abierto con esto escrito:

El domingo hice una comida y cené eso. Ayer cené lo mismo porque sobró. Hoy también. No estuvo rica el domingo. Tampoco ayer. Pero hoy sí.


***

Al igual que en Uruguay, este ómnibus paraba en la ruta a recoger gente. Fueron pocas veces, pero en una se subió un veterano alto y de lentes, como casi todos los veteranos, que se sentó al lado mio a pesar de que había otros lugares donde los dos asientos estaban vacíos. Bueno, yo qué sé, me daba igual. No tenía peor olor que yo.

En un momento sacó el celular y empezó a mirar videos. Me di cuenta por el sonido, no hacía falta prestar atención. De repente, me tocó con el dedo.

- Ey! ¿Qué mirás?
- ¿Qué?
- Que qué mirás.
- No miré nada.
- Claro. Te vi mirando mi celular, mirando mis videos y mis conversaciones.
- Señor, no miré nada, estaba mirando para afuera, no me interesa su celular, no me interesa ni el mio.
- Bueno entonces pues deja de mirar mi celular, regresa a Argentina, atrevido.
- Señor, no miré nada. Le pido que no me rompa la pija.
- ¿Qué?

Suficiente, ahí nos agarramos a las piñas. Me conectó un par y yo también un par a él. Creo que me ganó, porque me desperté un rato después y el viejo ya no estaba, y mi camisa y mi cara estaban manchadas de sangre. Pero no me dolía nada, me desmayé de cagón, no entiendo bien qué pasó. Además, como me pasa siempre desde hace unos años, me desperté con una canción de Los Pericos en la cabeza. Desde que soy chico mi cerebro elige la canción que más odio y la reproduce en mi cabeza cuando me despierto, y ahí está hasta que yo ponga otra canción de alguna manera, en algún dispositivo real. Pensé, "ojalá el viejo se haya llevado al pájaro este", pero no, estaba ahí todavía. Abrí un poco la mochila y le hablé.

- Y vos bicho de mierda, podrías haberme defendido un cacho al menos, ¿no?
- (nada)
- Bicho de mierda.

Y cerré de nuevo la mochila.

***

Después de algunos kilómetros me volvieron a despertar los gritos del cóndor. Abrí la mochila para amenazarlo y recriminarle que por su culpa había perdido la orden para hacerme el antígeno prostático, y me empezó a golpear con las alas, así que me defendí y traté de pegarle unas piñas, pero las alas eran muy rápidas, me tapaban la vista y me confundían, así que conseguí cerrar la mochila de nuevo y esta vez la puse en el compartimiento para equipaje, desde donde se escuchaba menos. Era la segunda vez que me agarraba a las piñas en ese ómnibus y la segunda que perdía. Esa vez, además, me desperté con una canción de El símbolo en la cabeza, y me acompañó buena parte del recorrido que quedaba, hasta que me quedé dormido de nuevo.


***

Soñé que leía un diario chileno. El Júpiter o algo así. Leía solo los titulares porque no podía mantener la atención lo suficiente como para leer un artículo entero.

Ofendido al no encontrarse en la lista de los mejores libros del año: la lista fue encabezada por Eclipse Testicular de (no me acuerdo el nombre)

Abuelo no comparte opinión de editorial de diario que a su vez le parece una mierda pero lee todos los días.

"Hermoso" la palabra más usada en 2017: temen que el uso excesivo de este vocablo termine por vaciarlo de significado en el 2018. 

Enterate de cuáles fueron los diez mejores asados de 2017. 

Esta última me dolió porque yo no había ido a ninguno. 

***

Me desperté con ganas de ir a mear. Odio mear en los ómnibus, como todo el mundo, pero tenía que mear. La verdad no me importaba mucho, fui al baño y listo. Dejé la mochila con el cóndor en el asiento. Si alguien lo encontraba iba a decir que no era mia. Yo qué sé.

Fui y me meé toda la pierna derecha, inmediatamente. Me había olvidado, pero desde que me hicieron el exudado uretral el chorro me sale para cualquier lado. O más bien para la derecha. No hay caso, sale un chorro mediano para adelante y el otro me empapa el pantalón y la pierna. Generalmente me tiro agua en el pantalón después de mear, para que parezca que simplemente soy un deficiente mental o tengo problemas motrices y cuando me lavo las manos me tiro el agua arriba. Por algún motivo prefiero eso que lo del chorro que sale para el costado. Es triste pero literalmente me rompieron la pija. Lo bueno de la tristeza y la depresión es que, al menos a mí, me ayuda a dormirme fácil, así que lo hice.


***

Me sonó el teléfono.

- Hola.
- Hola, de coordinación Cosem para coordinar un exudado uretral.
- ¿Para coordinar?
- Sí, señor. ¿En qué fecha le quedaría bien?
- Qué raro, la otra vez fui directo y no hubo que coordinar nada.
- Ahora lo estamos haciendo desde coordinación.
- También es raro que haya llegado la llamada, estoy en Chile.
- No sé, señor.
- Bueno, no sé. Puedo siempre.
- ¿Martes 23 le quedaría bien?
- No, es mi cumpleaños.
- ¿Miércoles 24?
- ¿No puedo ir directo algún día? A veces me levanto con ganas de que me hagan un exudado uretral.
- Ahora no es posible. Algunos pacientes prefieren saborear con anticipación el momento y por eso se pasó a este régimen de coordinación en el 2023.
- ¿Perdón?

Me desperté, era un sueño. Me sequé las lágrimas. 


***

Tuve que hacer algo que era bastante inconveniente pero que, según se me ocurrió, era la única manera de evitar ir a la cárcel en Chile. Básicamente me bajé en la mitad de la ruta con la mochila y al atardecer. El conductor no entendía nada pero obviamente le chupaba un huevo.

- ¿Seguro que es acá?
- Sí.

Cuando me bajé me metí enseguida en un campo, pero como ya estaba bastante oscuro no tuve que meterme muy adentro. Abrí la mochila y agarré al cóndor. Estaba dormido, pero me imaginé que se iba a despertar enseguida, así que lo levanté con las manos y lo lancé para arriba para que pudiera volar. Lamentablemente no se despertó y cayó seco al piso, recién ahí lo ví levantarse. Se puso de pie y empezó a caminar con dificultad. Daba unos aleteos pero no llegaba a remontar. Igual estaba bien, capaz que sobrevivía. Capaz que hasta nos veíamos de nuevo.

- Chau -le dije.

Empecé a caminar un poco y sentí un aletazo en la pierna. Me dí vuelta y el cóndor justo dio como un salto y me picoteó la cara. Me caí al piso pero del susto, y el bicho se aprovechó de mi debilidad y me pegó con las alas y el pico. Yo le pude dar una piña pero volvió al ataque, ahí lo rocé con otra. Finalmente nos miramos y empecé a caminar para atrás sin darle la espalda.

- No sé qué pasó, pero no quise hacerte nada -le dije. Me pareció medio malagradecido que me hiciera eso cuando en realidad me bajé en el medio de la ruta solo por él.

Después tuve que esperar un buen rato en la ruta hasta que pasara el ómnibus. Por un par de horas seguí viendo la sombra de Los Andes. Y tuve miedo, un miedo bastante irracional. Tenía miedo de que se me apareciera el fantasma de Parrado, pero después se me pasó. Me acordé que no se murió todavía.

***


Montevideo



Volví a Montevideo y era enero. Todos mis amigos estaban de licencia y afuera de la ciudad, y algunos de ellos me pidieron que cuidara a sus gatos. Piensan que me llevo bien con los gatos solo porque les saco fotos, pero la verdad es que yo no los entiendo y ellos no me entienden a mí.

En general tuve malas experiencias con mis otros gatos. No se dejen engañar por mi otro cuento sobre mi gato Gunter, eso era solo con él. En general llego y lo primero que hago es dejarle en claro al gato anfitrión cómo van a ser las cosas.

- Mirá gato, te voy a explicar cómo van a ser las cosas.
- Las pelotas. Esta es mi casa y voy a seguir haciendo lo que quiera cuando quiera.
- No me das miedo, no sos el primer gato que me habla tampoco.
- Dale bobo, tengo hambre, poné la comida de una vez.
- Bueno, dónde est...
- Andá a la cancha, bobo.
- ¿Qué?

Esa última línea me impresionó un poco. No la entendí, después me explicaron que es algo de fútbol de Argentina. Le puse comida en el plato.

En los próximos días el gato estableció un control y un dominio sobre mí que podría definir de absoluto, si eso fuera lo que él quería. Creo que en realidad lo que quería era que yo por momentos me sintiera dominado y por momentos me sintiera en control, para después demostrarme que estaba equivocado de una manera cada vez más dolorosa. Por suerte tomé la acertada decisión de nunca aprenderme el nombre, hace más fáciles las cosas. 


***

Más tarde ese día, el gato me pidió que suba fotos de él a Instagram.

- ¿Para qué?
- Daleee, bobito, sacá la foto, serví para algo.
- ¿Pero vos tenés Instagram?
- ¨Pero vos tenés instagram" si serás abombado. Dale que me voy a dormir, quiero que se me vean los ojos.
- Bueno a ver, esperá.
- No, de ahí no. Más cerca.
- Ok, decime dónde.
- De ahí.
- Dale.


***

Me escribió mi vecino, que de alguna manera consiguió mi teléfono, porque había una gotera y venía de mi casa.

- Debe ser del baño de mi apartamento, debo haber dejado la canilla abierta o algo.
- Bueno, creo que tendrías que volver si no estás muy lejos, si no va a ser un desastre.
- No estoy en el país, ¿te animás a entrar vos?
- Pero no tengo llave.
- Es la misma que la de tu casa.
- ¿Qué?
- Es la misma que la de tu casa.
- ¿Cómo sabés?
- No sé. Me parece.
- ¿Pero ya probaste?
- Una vez llegué tarde y me equivoqué de piso, subí solo uno, y entré a tu casa con la llave de mi apartamento. Pero me di cuenta después de un rato y me fui.
- ¿Después de un rato? ¿Cuánto tiempo te puede llevar darte cuenta?
- Un rato. 
- ¿Vos te comiste el helado hace dos semanas?
- No.

***

Derrota Final

Implica un momento en que perdiste definitivamente, termina el partido y salió 12 a 0. Yo visualizo la vida más como un fútbol 5 de yo, tres gatos y un cóndor contra Messi, Pelé, Maradona y los hermanos Korioto. Por suerte Maradona está en su estado actual, pero Pelé está en su época de plenitud.

El partido no termina nunca. Onda vas 127 a 0 y podés llegar a ir 1270 a cero. Es una derrota ininterrumpida que solo empeora y nunca se materializa del todo. Seguro los alemanes tienen una palabra larga para eso. 

También te da la sensación de que alguien de tu equipo está jugando en contra. Es un poco más deprimente pensar "hay un traidor y medio que sospechamos quién es pero no da averiguar bien y además sin traidor igual nos iría como el orto así que ta". Aparte puede ser cualquiera, porque nosotros jugamos tan mal que cada tanto metemos algún gol en contra.


***

Lamentablemente el domingo me agarré a las piñas con el gato. Lo lamento por dos cosas: primero porque en el post anterior me agarré a las piñas con una pijas y esta vez con un viejo, un cóndor y un gato (que me gustan), y segundo porque si bien la pelea era desigual, perdí de todos modos. Yo solo le tiraba piñas, pero él me arañaba y me mordía, y la verdad es que me ganó fácil, no llegué a pegarle ninguna. Podría darle toda la vuelta de tuerca y hacer de cuenta en mi cuento que en realidad gané yo, o moralmente, o que me quedé callado juzgando pero consideré que no daba para hablar, tipo "está bien gato, si a vos te parece que se resuelven así las cosas", o "2018 y los gatos siguen pensando que arañar está bien", y "ganar" en mi relato mediante la aprobación ajena lo que "perdí" en la vida real, pero no. O sea, me ganó el gato, listo, la verdad también me domina psicológicamente y creo que estuvo comiendo de mi comida pero no me animé a decirle nada.


***

Me desperté con el gato arañandome la cara.

- Quiero merca.
- Salí, zarpado.
- Quiero merca, quiero un gramo.
- ¿Pero qué te pasa? Yo qué sé, yo no tomo, salí de acá.
- Conseguime un gramo de merca. Quiero MERCA.
- Yo no tomo. Aparte jamás te conseguiría. No tengo idea. Fin del asunto.
- Pero qué muerto.
- Vos sos un gato merquero.

Ahí conseguí algo. Le vi la cara, le cambió por completo. Se le fue toda expresión, parecía triste. Se dio vuelta y saltó hacia el piso. Me levanté para seguirlo hasta el living, pero tranquilo. Estaba en el sillón hecho una pelota.

- ¿Qué pasa?
- Salí.
- ¿Pero qué te pasó?
- Saliiii, dejameeeeee.
- Explicame un poco, ¿es porque te dije merquero?
- Saliiiii te digooooo.

Por un momento pensé que lo había vencido o algo así, que había encontrado su punto débil, pero después me di cuenta que no, y él me lo confirmó cuando hablamos esa noche. El gato tenía ganas de ofenderse y por eso me vino a despertar con lo de la merca, nada más.

- Nada, me levanté con ganas de ofenderme y te fui a buscar, por suerte encaraste.
- Bueno, me alegro -le contesté.

***

- A ver, contame. 
- La última vez que fui a hacerme el antígeno prostático no me dejaron hacérmelo porque fui en bicicleta. "Tenés que pasar más de veinticuatro horas sin andar en bicicleta o a caballo para poder hacerte el examen". Los de la recepción me vieron atando la bicicleta, los diez minutos que me llevó más o menos, porque me distraje con el celular de mierda. Reaccioné mal. ¨Loco tanto drama para meterme el dedo en el orto, me lo han hecho mucho peor, ¿no me lo pueden hacer de una?¨ les dije, y me dijeron ¨señor, el antígeno prostático es un examen de sangre, necesita ayuno y no andar en bicicleta, nada más, no es necesario que nos falte el respeto". 
- ¿En serio les dijiste eso? Sos un desubicado. 
- Ta y vos un hijo de puta, te lo conté en confianza, ya sé que estuve mal, no es para que me des palo. 
- No importa. Si estuvo mal, estuvo mal. 
- Gato alcahuete. 
- Tengo las pelotas llenas de esas pastillitas de mierda. Hoy quiero comer de verdad. Comida.
- Bueno, no sé.
- Quiero sushi.
- Ni a palos.
- Quiero sushi.
- Ni a palos.
- Voy a maullar toda la noche.



***

En un momento me dieron ganas de mear, pero cuando entré al baño estaba el gato. Quería que se fuera, no me gusta que me vean en bolas los animales, es raro.

- ¿Podés salir? Tengo que mear.
- No, me gusta dormir acá.
- Dale, en serio. Dos minutos. Nunca te vi dormir acá. 
- No viejo, no hinches las bolas, yo estaba acá, no te voy a mirar nada.

Empecé a mear y apareció el chorro doble. Siempre me olvido. Me olvido porque decido olvidar, es como que lo bloqueo. Pero empecé a mear todo para el costado. Me meaba el pie. Y una vez que empiezo no puedo parar. Imposible. El gato miró.

- Me estás jodiendo...

El chorro seguía. 

- Y bueno, no puedo hacer nada. Me sale así desde que me hicieron un exudado uretral.
- No, de verdad, me estás jodiendo. Te estás meando arriba.
- No es tan así, cuarenta por ciento, calculo, o treinta y cinco.
- ¿Por qué no parás?
- Porque ya era, me chupa un huevo.
- ¿Te puedo decir algo?
- Me da igual. Pensá lo que quieras.
- Ahora te respeto más.

Limpié el piso y me fui al sillón de nuevo.



***

Otro día estaba durmiendo y vi a través de la ventana esmerilada cómo una enorme ave se posaba en el lado de afuera. Había leído que el cóndor no solamente es el pájaro más grande del mundo, sino también el que más distancias puede abarcar. Pero me sorprendió y me emocionó de todos modos cuando lo escuché decir "gracias". Después lo repitió. "Gracias". Había venido a agradecerme. El gato estaba dormido arriba de mi ropa.

Abrí la ventana y era una paloma. Grande, pero paloma al fin.

- ¿Gracias por qué?
- Gracias.
- ¿Por?
- El otro día te vi.
- ¿El otro día? ¿Dónde?
- En el Tundra.
- Ah.
- Y te escribí por facebook.
- ¿Qué?
- Te escribí por facebook.
- ¿Para qué?
- Para decirte que te vi. En el Tundra.
- ¿Y? ¿No hablamos?
- Nada, que habíamos hablado por facebook, y fue muy loco porque te vi en el Tundra.
- ¿Y qué?
- Estabas vos, y yo también. En el mismo lugar.
- Dejame seguir durmiendo.
- En el tundra, en el facebook, en el tundra. En todos lados. 
- Bueno. 
- Dale dale, jaja, dormir es lo más grande que hay.

Cerré la ventana. Me puse a escuchar el disco del año, Eclipse testicular. 




martes, 23 de mayo de 2017

Ellos o nosotros (parte 1)




En general no salgo los jueves, estoy demasiado cansado, el viernes trabajo, tengo cansacio acumulado, sueño acumulado, ganas de no salir acumuladas, ganas de que me despidan acumuladas. Pero además ese jueves trabajé como hasta las ocho de la noche, y después me quedé dormido con las manos arriba de la mesa, para no apoyar la cara ahí mismo. Me desperté con la espalda toda dolorida, las piernas semidormidas, los pies incomódísimos; sentía como si me dijeran "qué nos hiciste, hijo de puta, te olvidás de nosotros, no te costaba un carajo sacarnos los zapatos, y ahora tenemos que caminar, no nos mires, ¡atrás! no nos querés".

Aparte las luces estaban apagadas; o sea, se fueron, apagaron las luces y me dejaron ahí. Yo me desperté con la sensación de que habían pensado que estaba muerto, y que no valía la pena hacer nada al respecto: como que yo tenía que hacerme cargo de mi propio cadáver, encontrarle un lugar, sacarlo de ahí antes de que empezara la primer clase del viernes. Y eso hice, obligué a mi cadáver a levantarse y caminar, este cadáver que por algún motivo no huele tan mal. Y ese motivo es porque lavo bien la ropa y me baño, porque de eso sí no me pueden decir nada, aunque sea un muerto.

Caminé entonces por la calle y estaba desierta; o sea, no es que no había nadie, pero te cruzabas a una persona cada dos cuadras, y esa persona parecía estar loca, parecía mirarte cuando vos no la mirabas, pero a la vez sin maldad, solo con miedo, o ni siquiera miedo: paranoia. Una paranoia tranquila. El cielo estaba rosado, ese color que hace como que parezca que no es de noche del todo, es como una noche para estar despierto, pero no por decisión propia sino por imposición.

Me sentía como perseguido. ¿Alguna vez les pasó? No es como uno se lo podría imaginar. No era una sensación, era como una certeza. Y no sabía quién ni para qué me perseguían, y eso solo te hace sentir peor, peor que ante cualquier otro escenario. Podría ser incluso para darme algo que se me cayó, pero todo parecía aterrador.

Me di cuenta de que no había cenado, y no tenía hambre en realidad, pero a veces me pasa que pasaron muchas horas desde que comí, y después de comer me siento mejor, incluso es como si me sacara algo de arriba, algo que tenía que hacer. Así que entré en un bar-pizzería de esos del centro, pedí algo y fui al baño. Sentía como un escalofrío, estaba como transpirando y me quería lavar la cara. Cuando entré al baño me sorprendió el silencio, era como si hubiera entrado prácticamente en otra dimensión, no se escuchaba nada, solo ruido como de cañerías a lo lejos, que adquiría un efecto raro con los azulejos viejos. Mientras sacaba un par de hojas de papel para secarme las manos, se abrió la puerta, y lo vi frente a mí. Así que era cierto: me estaban persiguiendo desde que salí del trabajo. El alivio de la confirmación. Era real, medía cerca de un metro ochenta y tenía una respiración pesada, como si hubiera estado esperando por mucho tiempo este momento.

Se trataba de una pija gigante, o al menos gigante teniendo en cuenta el tamaño que tienen habitualmente. Esta tenía el tamaño de una persona, se desplazaba por su cuenta y, de hecho, parecía ser una entidad independiente y libre. Nos miramos en silencio, como estudiándonos de alguna manera. Yo terminé de secarme las manos y tiré el papel al piso, sin mirarlo. Después de algunos segundos o quizás varios, de alguna forma me di cuenta de que tenía intenciones hostiles, y por eso decidí darle yo el primer golpe. Me adelanté con el pie izquierdo y lo tiré con el puño derecho. Fallé. Nunca me había agarrado las piñas en mi vida, era lógico que no supiera muy bien cómo hacerlo. Me lo esquivó y mi mano siguió de largo, y me sentí empujado no sé cómo hacia la pileta. Desde ahí le di una patada tratando de que se corriera de la puerta, pero no lo logré y por algún motivo terminamos los dos en el piso, forcejeando. Se activó el secador de manos. El piso estaba helado y un poco mojado, me dolía muchísimo el hombro por la caída y tenía la cabeza de mi contrincante rozándome; intentaba alejarme pero no podía, del otro lado solo estaba el piso. Empecé a sentirme ahogado y pensé que me iba a desmayar, pero junté fuerzas pensando en que todavía no había comido, y creo que llegué a pensar en voz alta "¡esta pija no me va a ganar!" y pude hacerla a un lado y escapar por la puerta. Entrando había otra pija, pero se vio sorprendida por lo rápido que yo estaba saliendo y no pudo esquivar el codazo con el que la hice a un lado. La vi caer al piso y rodar mientras me iba corriendo del bar sin mirar atrás, pero llegué a escuchar la puerta del baño abrirse nuevamente mientras ya cruzaba la primera calle.

Corrí como hacía años que no corría. Corrí como diez o quince minutos, con miedo, espanto, una sensación fea en todo el cuerpo, las ganas de cambiarme de ropa y bañarme, o por lo menos lavarme rápido la cara; pero sobretodo recuerdo el miedo. Tanto era el miedo que ni siquiera sabía para dónde corría. Es difícil de entender si nunca te pasó. Por alguna razón corrí hacia el Parque Rodó, y no solo eso, me metí dentro del parque mismo, que debo decir, estaba bastante oscuro. Fui a una parte que se llama Pabellón de la música, casi en el centro del parque. Ahí no me quedó más remedio que sentarme a descansar, pero con resignación. Sabía que me habían seguido hasta ahí. Mientras me secaba el sudor vi llegar a unas seis o siete pijas en moto, que se habían metido por el pasto sin que les importara nada. Vi a un tipo que caminaba como a media cuadra, alguien que vivía en la calle, me pareció, y me miró como si yo hubiera hecho algo, con esa cara de "algo habrá hecho", al mismo tiempo que seguía su camino, sin querer hacer contacto visual con las pijas, como para que no se metieran con él. Bien de uruguayo.

La pija líder se bajó de la moto y fue la primera en acercarse a mí. Tenía una remera de Boca y un gorro de la NBA. La segunda venía con una campera adidas. Atrás se bajaron las otras y se fueron acercando en grupo. Pensé que me iba a morir, pero, es raro: al mismo tiempo, sabía que tenía que vender cara mi vida. Me vino como un coraje de algún lado. Me paré firme y hablé tratando de sonar convincente.

- Probablemente me ganen y me dejen hecho pelota o me maten, pero quiero avisarles que por lo menos a la primera, a la primera que me toque, le voy a meter una piña que no se la va a olvidar nunca.

Por un momento pensé que mi advertencia había surtido efecto, pero no fue así. Todas se hicieron a un lado y dejaron espacio para que pudiera pasar la que venía más atrás, que no era otra que la que me había atacado en primera instancia en el baño.

- Así que esto es personal -le dije.

En ese momento pensé en mi familia, pensé en mis amigos, tenía que pelear por ellos. Pensé también que si me mataban no iba a tener que ir a trabajar de nuevo, y una parte de mi quiso perder, aunque lo que primaba era sobretodo el orgullo. Pero me sorprendió una voz en mi espalda, y no me asusté porque hasta donde yo sabía las pijas no hablaban.

- Siempre es personal con estas pijas.

Era obvio que yo no lo iba a encontrar a él sino que él me tenía que encontrar a mí. Walternativo no es de esos a los que podés pedirle un favor cuando los necesitás, pero sí es de los que te hace un favor que no sabías que necesitabas y que era mucho más importante que todos los otros.

- Todavía no estás preparado para esto. Corré que yo me encargo.
- Pero te ayudo.
- Corré, carajo. Yo me encargo de estas chotas.

Capaz que les parece que soy un cagón o algo así, pero les juro que me pareció que para sobrevivir los dos lo más importante era actuar, como sea, haciendo lo que sea, y no pararse a discutir. Con ese espíritu decidí obedecer a Walternativo y salir corriendo, pero lo último que vi al girar la cabeza, antes de perderlos de vista, fue a mi maestro sacar un fierro, como un caño de metal del grosor de un palo de cortina, más o menos de medio metro de largo, y con la otra mano buscar otra cosa que tenía en el bolsillo. Ojalá pudiera saber qué era, pero también ojalá pudiera saber qué pasó, por qué me atacaron de esa manera, y dónde está otra vez Waltarnativo, si es que realmente pudo salir de la pelea. Esa noche me bañé y me dormí tarde pero tuve pesadillas, me desperté varias veces con una risa macabra, una risa torcida que venía de algún lado traída por el viento. Soñé con un incendio en un campo de trigo, y de entre las llamas salía la pija líder, salía y tenía en sus manos un libro prendido fuego, y lo terminaba alzando hacia el cielo como un triunfo. No había notado las manos antes, y realmente no sabría decir si las tenían o no.


No pude volver al parque a buscar rastros de Walternativo, pero sé que en algún momento vamos a encontrarnos de nuevo. Cada vez tengo más preguntas para hacerle, pero en el fondo sé que las importantes son las que va a hacerme él a mí.